Historia del póker: del Misisipi al boom online, 200 años de juego
La historia completa del póker: sus orígenes europeos, Nueva Orleans, el Oeste, la WSOP de 1970, el efecto Moneymaker y el Black Friday.
La historia del póker es la historia de Estados Unidos contada con cartas: nace en los salones flotantes del Misisipi, madura en los campamentos de la Guerra Civil, se hace leyenda en los saloons del Oeste, conquista los casinos de Las Vegas, y acaba convertida en un fenómeno global gracias a una cámara diminuta, un contable de Tennessee y una conexión a internet. Por el camino deja mitos que conviene desmontar —no, probablemente no desciende de un juego persa— y una constante que lo explica todo: en cada época, el póker fue el juego que mejor retrató cómo se ganaba y se perdía el dinero en América. Esta es su historia completa, de 1800 a hoy, con sus fechas, sus nombres propios y sus polémicas de historiadores.
Contenido
- Los orígenes: poque, pochen y el mito persa
- Nueva Orleans y el Misisipi (1810-1860)
- La Guerra Civil: draw, stud y la baraja completa
- El Oeste: saloons, tahúres y la mano del muerto
- El siglo XX: de la cocina a Las Vegas
- 1970: nace la Serie Mundial
- El boom (1998-2006): cámara, internet y Moneymaker
- Black Friday y la era moderna
- El póker en España
Los orígenes: poque, pochen y el mito persa
Empecemos desmontando el mito más repetido. Durante buena parte del siglo XX, los libros afirmaron que el póker descendía del as-nas, un juego persa de faroles con baraja de 20 o 25 cartas. La teoría tenía encanto —marineros persas enseñándoselo a estibadores de Nueva Orleans— pero los historiadores modernos, con David Parlett a la cabeza, la fueron desmontando en los años 90: no existe descripción del as-nas anterior a 1890 (décadas después de que el póker ya estuviera documentado), sus mecánicas difieren en puntos importantes y la supuesta cadena de transmisión de Persia a Luisiana es pura especulación. Hoy el consenso académico es más prosaico y más sólido: el póker es hijo de juegos europeos de envite que los colonos llevaron consigo.
Los padres documentados son tres. El poque francés — jugado en la Luisiana francófona, con faroles y apuestas, y del que el póker toma directamente el nombre. El pochen alemán — literalmente «golpear, presumir de farol», del que a su vez deriva el poque. Y el brag inglés, el juego de faroles de tres cartas que aportó la cultura del envite agresivo. A esta familia hay que sumarle un ingrediente español: la primera (primero), el juego de envite del Siglo de Oro que ya combinaba manos jerarquizadas y apuestas en el siglo XVI, y que los historiadores consideran el ancestro común de todo el género europeo. La receta del póker no se inventó: se cocinó lentamente con ingredientes que llevaban tres siglos en la despensa.
Nueva Orleans y el Misisipi (1810-1860)
El póker reconocible como tal —cinco cartas por jugador, rondas de apuestas, el mejor juego gana el bote si nadie se achanta antes— aparece en Nueva Orleans entre 1810 y 1825, en el ambiente de los salones de juego francófonos y, muy especialmente, de los barcos de vapor del Misisipi. La primera versión era minimalista: 20 cartas (del as al diez), cuatro jugadores, cinco cartas cada uno, sin descartes ni cartas comunes. Con la baraja repartida entera, el juego era puro envite: no había suerte por venir, solo lo que llevabas y lo que fingías llevar.
El primer testimonio escrito extenso es del inglés Joe Cowell (1829) y la primera descripción impresa de las reglas llega en 1836; en 1834, el jugador reformado Jonathan H. Green ya lo llamaba «el juego de las trampas» (the cheating game) al describirlo en los vapores. El apunte no era gratuito: el ecosistema del póker primitivo eran los tahúres profesionales de los riverboats, que esquilmaban a comerciantes y colonos con cartas marcadas y compinches. El póker nació con mala reputación y tardaría un siglo largo en quitársela.
Hacia 1840-1850 llega el cambio estructural: la adopción de la baraja completa de 52 cartas, que permitía más jugadores y abría la puerta a una jugada nueva, el color (flush). Poco después se incorpora el descarte (draw): una segunda oportunidad de mejorar la mano que añadía una ronda de apuestas y multiplicaba la estrategia.
La Guerra Civil: draw, stud y la baraja completa
La Guerra Civil americana (1861-1865) fue para el póker lo que las campañas napoleónicas para otros juegos europeos: el gran difusor. Cientos de miles de soldados de ambos bandos mataron la espera entre batallas jugando, y volvieron a casa con el juego aprendido. De esos años y los inmediatamente posteriores salen consolidadas las dos grandes ramas clásicas: el five-card draw (cerrado, con descarte) y el stud (con cartas descubiertas, nacido según la tradición en los campamentos), además de jugadas nuevas como la escalera. En las décadas siguientes, la era dorada de la invención americana le añadió los retoques finales: el comodín (hacia 1875), los jackpots (la obligación de llevar al menos una pareja de jotas para abrir, un freno a la temeridad) y las primeras convenciones escritas serias, hasta que los manuales de finales del XIX ya describen un juego esencialmente idéntico al draw que se jugó durante todo el siglo XX.
El Oeste: saloons, tahúres y la mano del muerto
Si el Misisipi parió el póker, el Oeste lo hizo leyenda. En los pueblos mineros y ganaderos de la segunda mitad del XIX, el saloon con mesa de póker era institución tan básica como la iglesia, y de allí salen los arquetipos que el cine convertiría en mitología: el tahúr de levita, la partida que acaba a tiros, el as en la manga.
La anécdota más famosa es, para variar, verdadera en lo esencial: el 2 de agosto de 1876, el pistolero y jugador Wild Bill Hickok fue asesinado de un tiro por la espalda mientras jugaba al póker en el Saloon Nº 10 de Deadwood (Dakota del Sur) — el único día que aceptó sentarse de espaldas a la puerta. La tradición cuenta que su mano contenía dos parejas negras, ases y ochos, bautizadas desde entonces como «la mano del muerto». Los historiadores discuten la quinta carta (nunca se documentó de forma fiable), pero la mano entró en la cultura universal del juego.
El siglo XX: de la cocina a Las Vegas
Con la frontera cerrada y el juego prohibido en casi todo el país, el póker del primer siglo XX se domesticó: se convirtió en el juego casero por excelencia de América (la partida semanal de amigos, con sus fichas y su liturgia) y en el idioma común de cuarteles y trastiendas. De esa época viene la impregnación total del inglés americano por el vocabulario del póker: poker face, ace in the hole, when the chips are down, pass the buck — expresiones nacidas en el tapete que hoy usa gente que no ha jugado jamás.
Mientras tanto, en Texas se cocinaba la variante que acabaría devorando a todas. Según la resolución oficial de la legislatura texana de 2007, el Texas hold'em nació en Robstown (Texas) a principios del siglo XX. Durante décadas fue un secreto regional que los profesionales texanos —Doyle Brunson, Amarillo Slim, Sailor Roberts— explotaron por los garitos clandestinos del estado, hasta que en 1963-1967 lo llevaron a Las Vegas. La genialidad del hold'em era económica: con dos cartas por jugador y cinco comunes, podían sentarse hasta diez personas por mesa, y las cuatro rondas de apuestas premiaban el talento sobre la suerte más que ningún formato anterior. Brunson lo llamó «el Cadillac de los juegos de póker».
La legalización del juego en Nevada (1931) había convertido a Las Vegas en la capital natural del póker público, y en 1967 el hold'em ya se jugaba en el Golden Nugget y compañía. Solo faltaba un escaparate.
1970: nace la Serie Mundial
El escaparate lo montó Benny Binion, propietario del casino Horseshoe, en 1970: invitó a los mejores jugadores del país a una reunión bautizada como World Series of Poker (WSOP). Aquel primer año no hubo torneo propiamente dicho: se jugaron partidas de dinero durante días y el campeón se eligió por votación de los propios jugadores. La primera votación fracasó de la manera más previsible —cada uno se votó a sí mismo— y hubo que repetirla pidiendo que votaran al segundo mejor. Ganó Johnny Moss, «el Gran Viejo del póker», que se llevó un trofeo de plata y ni un dólar de premio.
En 1971 el invento adoptó el formato que lo haría historia: torneo freezeout de Texas hold'em sin límite — pagas la entrada, juegas hasta quedarte sin fichas, el último en pie se lo lleva. Moss volvió a ganar. En 1976 y 1977, Doyle Brunson ganó dos años seguidos, ambas veces con la misma mano final (10-2, hoy «la Brunson»), y en 1978 publicó Super/System, el primer gran tratado estratégico escrito por un campeón, que los profesionales de la época consideraron una traición: regalaba los secretos del oficio por el precio de un libro. La WSOP creció año a año —las primeras cámaras de televisión llegaron pronto, con Binion como visionario del póker como espectáculo— pero seguía siendo un asunto de profesionales y aficionados serios. Lo que vino después lo cambió todo.
El boom (1998-2006): una cámara, internet y un contable llamado Moneymaker
El estallido del póker como fenómeno de masas tiene tres detonantes perfectamente fechables:
- La cámara de bolsillo (1997-1999). El problema eterno del póker televisado era que no se veía nada: las cartas ocultas son ocultas. La solución fue la hole-cam, la cámara que muestra al espectador las cartas de cada jugador, patentada por el empresario y superviviente del Holocausto Henry Orenstein y estrenada en el programa británico Late Night Poker (1999). De repente, el póker era un thriller comprensible: el espectador sabía quién mentía.
- El póker online (1998). Planet Poker repartió la primera mano de dinero real por internet el 1 de enero de 1998; PartyPoker y PokerStars llegaron en 2001. Por primera vez en dos siglos, cualquiera podía jugar mil manos en una tarde sin salir de casa — y clasificarse a torneos grandes por céntimos. Ese mismo 1998, la película Rounders con Matt Damon plantó la semilla romántica en toda una generación.
- Chris Moneymaker (2003). Un contable aficionado de Tennessee con apellido de guionista perezoso convirtió un satélite online de 86 dólares en PokerStars en una plaza para el Main Event de la WSOP 2003... y lo ganó, llevándose 2,5 millones de dólares tras eliminar a profesionales legendarios y ganar la mesa final a Sammy Farha, farol antológico incluido. ESPN lo emitió con hole-cam y el mensaje que recibió el planeta fue irresistible: ese podría ser yo.
El resultado se conoce en la industria como «el efecto Moneymaker»: el Main Event pasó de 839 jugadores en 2003 a 2.576 en 2004 y a un pico de 8.773 en 2006; el póker online se convirtió en una industria de miles de millones; y durante un lustro el hold'em fue programación de máxima audiencia, tema de sobremesa y fiebre planetaria — España incluida, con su generación entera de jugadores salidos de aquellos años.
Black Friday y la era moderna
La fiesta americana tuvo dos frenazos legales. El primero, la ley UIGEA de 2006, que asfixió los pagos del juego online en EE. UU. El segundo fue el golpe seco: el 15 de abril de 2011, el Departamento de Justicia estadounidense cerró de un día para otro los tres grandes sitios de póker online (PokerStars, Full Tilt y Absolute) con una acusación de 52 páginas por juego ilegal, fraude bancario y blanqueo. El póker lo recuerda como Black Friday: miles de profesionales se quedaron sin oficio o emigraron, Full Tilt cayó en un escándalo de fondos de jugadores, y el mercado online se reorganizó país a país, con licencias y fronteras.
El juego, sin embargo, no se apagó: se profesionalizó. La era moderna es la de los solvers y la teoría GTO (juego teóricamente óptimo), donde los mejores estudian con software lo que Brunson aprendió a tiros; la de las High Rollers de un millón de entrada; la del reconocimiento del póker como deporte mental, con su matemática, su psicología y su literatura académica. Doscientos años después de los vapores del Misisipi, el debate «¿suerte o habilidad?» está resuelto por los tribunales de medio mundo y por la evidencia: a una mano manda el azar; a mil manos, manda el que mejor juega.
El póker en España
España vivió el boom con intensidad propia —peñas de universidad, torneos de bar, una generación de profesionales reconocibles— y lo ordenó con la Ley 13/2011 del juego: desde junio de 2012, el póker online en España se juega en salas con licencia .es, con mercado cerrado primero y liquidez compartida con Francia y Portugal desde 2018, que devolvió masa crítica a las mesas. En el terreno físico, los casinos españoles mantienen circuitos de torneos vivos y crecientes. Y en las casas... en las casas se sigue jugando como siempre: con fichas de colores, con la baraja de póker de cajón, y con la certeza estadística de que en toda partida casera hay exactamente un cuñado que dice que el póker es pura suerte y pierde todas las semanas.
Preguntas frecuentes
¿Dónde y cuándo nació el póker?
En Nueva Orleans y los barcos del Misisipi, entre 1810 y 1825, como evolución de juegos de envite europeos (el poque francés, el pochen alemán, el brag inglés). La primera versión usaba solo 20 cartas.
¿Es cierto que el póker viene del as-nas persa?
Casi seguro que no. Es una teoría del siglo XIX desmontada por historiadores modernos como David Parlett: no hay descripciones del as-nas anteriores a 1890 y la cadena de transmisión nunca se documentó.
¿Qué es la mano del muerto?
Dos parejas de ases y ochos negros: la mano que la tradición atribuye a Wild Bill Hickok cuando fue asesinado jugando al póker en Deadwood el 2 de agosto de 1876.
¿Cuándo se inventó el Texas hold'em?
A principios del siglo XX en Robstown, Texas, según la resolución oficial de la legislatura texana de 2007. Los profesionales texanos lo llevaron a Las Vegas hacia 1963-1967, y la WSOP lo consagró desde 1970.
¿Qué fue el efecto Moneymaker?
La explosión mundial del póker tras la victoria del aficionado Chris Moneymaker en el Main Event de la WSOP 2003, al que llegó por un satélite online de 86 dólares y que ganó 2,5 millones. El torneo multiplicó por diez sus inscritos en tres años.
¿Qué fue el Black Friday del póker?
El 15 de abril de 2011, cuando el Departamento de Justicia de EE. UU. cerró los tres mayores sitios de póker online. Reordenó la industria mundial hacia los mercados regulados, como el español de 2012.
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